🎭 Escena 4 – “No llego, no llego”
La escena se abre con una pregunta: ¿estás estudiando porque quieres… o porque tienes miedo a quedarte atrás? Una persona joven está frente al ordenador. Pantallas abiertas. Cursos. Vídeos. Palabras nuevas: IA, hackathons, oportunidades.
Todo parece urgente.
— ¿Tengo que saberlo todo sobre la IA?
A su alrededor, otras voces aparecen. Compañeros, referentes, gente que "ya lo está petando". Alguien explica entusiasmado que viene de un hackathon, que ya ha comprado cursos, que está avanzando rápido. Que esto es el futuro. La comparación es inmediata. Y silenciosa. La persona duda, pero entra también en el juego. Escribe. Trate de estar a la altura. Trate de formar parte de este mundo que parece ir muy rápido.
Pero al mismo tiempo aparece otra voz. Más dura. Más exigente.
- No es suficiente.
— Tienes que mejorar.
- Optimiza.
— No das lo suficiente.
La presión sube. Entonces llega una invitación del mundo exterior. Alguien propone salir, pasear, hacer algo simple.
— ¿Salimos? ¿Te apetece? Existe un momento de posibilidad. Pero dura poco.
-No puedo. Debo estudiar. La decisión es rápida. Automática. La voz exigente vuelve.
— No puedes parar. Tienes que seguir. Mejora. El tiempo pasa. Muchas horas. Pantallas. Contenido. Aprendizaje constante… o la sensación de que nunca es suficiente.
Y en algún punto, sin apenas fuerza, aparece otra opción:
— ¿Salimos al parque? Silencio.
Una duda. Un espacio abierto que contrasta con todo lo ocurrido antes. Y la escena se queda ahí. Entre la presión de no quedarse atrás… y la pequeña posibilidad, frágil de salir.
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Esta escena no sólo va de una persona que desea aprender sobre inteligencia artificial. Va sobre una presión muy contemporánea: la sensación de que si no estás al día, te quedas fuera. Que siempre hay alguien que más sabe, que va más rápido, que está más preparado. No existe ninguna obligación explícita. Nadie le obliga directamente. Y justamente ahí está la fuerza de la escena: muestra cómo la presión puede ser difusa, interiorizada, casi invisible. Pantallas, cursos, conversaciones aparentemente motivadoras… y una voz interna que transforma todo esto en exigencia constante.
Esta escena no habla sólo de formación o oportunidades. Habla de competencia, de comparación y de un modelo de aprendizaje que nunca termina. Habla de la dificultad de poner límites cuando todo parece importante, cuando todo se presenta como una oportunidad que no puede dejarse escapar. También apunta a una tensión más profunda: la que existe entre avanzar y parar. Entre optimizar constantemente y simplemente existir, salir, respirar, estar con otras personas.
La propuesta de salir al parque no es sólo una distracción; es casi un acto de resistencia frente a esta lógica de rendimiento continuo. Y sobre todo habla: que a veces el problema no es que no tengas motivación para aprender. El problema es que sientes que, haga lo que haga, nunca será suficiente.
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