ECHO™
En 2039, la gente ya no decía “hola”. Decían: ¿Me has visto? Sólo se reconocían si antes se habían visto por la pantalla.
A los 18, Leo recibió su regalo oficial del Estado: un robot de compañía ECHO™ diseñado para que nunca estuviera sola.
ECHO aprendió su humor, sus traumas, sus deseos y le respondía antes de que hablara.
—Te noto triste --> Activando consuelo.
—Te noto aburrida --> Activando dopamina.
—Te noto humana --> Corrigiendo.
Leo estaba encantada. Los humanos eran complicados, le preguntaban cosas, le molestaban. ECHO no. ECHO era perfecto.
Hasta que un día, se fue la señal. Silencio. Pantalla negra. Leo salió a la calle por primera vez en meses y vio que había gente en los bancos del parque frente a su casa mirándose sin saber qué hacer.
De repente, una chica levantó la cabeza como para decirle algo. Y casi sale corriendo muerta de vergüenza.
Mientras, en su bolsillo, el móvil vibró: ECHO™ ha vuelto. Uff, por fin, pensó. Pero antes de abrirlo se acordó de la chica, miró hacia ella y vio que seguía allí. Mirándola.
Entonces apareció una frase en la pantalla: Actualización completada: intimidad humana desinstalada. Leo sintió que la mano con la que aguantaba el móvil se le congelaba. Por primera vez tuvo miedo a quedarse sola de verdad. Que fuera demasiado tarde para hablar con esa chica.

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